martes, 25 de abril de 2017

Dos ingenieros se convierten en cenicientas del video

Miguel Vargas S.,
periodista

¿Zapatero a tus zapatos? Quién sabe. Cuando estos dos ingenieros industriales cochabambinos llegaron a La Paz, quedaron fascinados por la cantidad de puertas que se les abrían. En una de esas, se enteraron de la existencia de un célebre premio para guiones de video y decidieron aprender a escribirlos curioseando en internet. Meses después, se coronaban como los ganadores del XVI concurso municipal de video Amalia Gallardo. ¿Cómo hicieron?

John Martín Cornejo Arnez (30 años) y Lobsang Roger Ferrufino Rojas (29) se vieron por primera vez hace más de una década en las olimpíadas intercolegiales que se realizan en Cochabamba.

Como ambos eran íntimos de las matemáticas, decidieron seguir la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Mayor de San Simón. Fue en esa casa de estudios que al calor de su pasión numérica, clases compartidas y participación en la política estudiantil, afianzaron una amistad que los trajo hace año y medio a vivir en La Paz.

Martes. La cuadrícula albiblanca entretiene a un sereno John Cornejo entre alfiles, caballos y torres. “Es mi ejercicio diario”, explica mientras pasa los dedos por su cabellera crespa. Llega apresurado Roger Ferrufino, con la lacia melena columpiando hasta los hombros, sobre una ajustada polera blanca. ¿Videastas?

“Nunca soñamos con hacer cine o video, pero cuando supimos de la convocatoria para guiones del Santa Cruz Film Festival, empezamos a trabajar”, cuenta Ferrufino.

La idea les pareció genial. El único problema era que en toda su vida no habían visto un guión. “Ni modo”, se dijeron y empezaron a buscar páginas en internet donde entendieron que los diálogos se ponían en el centro de la página y se diferenciaba de los textos que explicaban la escena. No parecía tan difícil, así que se lanzaron a escribir el guión para un largometraje.

Claro, cuando leyeron la convocatoria, dieron por entendidos muchos de los conceptos que figuraban en la bases que respondían más bien a un lenguaje técnico especializado. “Cuando leímos ficción, creímos que se trataba de un guión de ciencia ficción y no de algo ficticio, que no sea documental”, recuerda con risas Ferrufino. Lo mismo les pasó con la sinopsis, pues siguieron la concepción ortodoxa del diccionario y no la técnica del ramo, que pide resumir la historia en un máximo de cinco líneas. Ellos enviaron más de cinco páginas con los pormenores de la historia.

Pese a todo, no se desanimaron y continuaron escribiendo hasta que llegó el balde de agua fría. “No podía entender cómo el Santa Cruz Film Festival podía haber premiado a Marcos Loayza. Ese momento creía que no era justo que un director de cine consagrado como él participe en un concurso para principiantes”, explica Cornejo. Y es que tampoco entendían cómo funcionaba el circuito del trabajo audiovisual.

Su primer guión de largometraje no había logrado triunfar; pero en eso se enteraron que estaba muy próximo el cierre de otro concurso: el premio municipal de video Amalia Gallardo. “Si habíamos escrito un largometraje, un cortometraje no podía ser tan difícil”, se dijeron y volvieron a la carga.

Esta vez decidieron no tomar tan a la ligera las bases, así que obraron con más cautela. John recuperó el cuento Chanchos bloqueados que había publicado el domingo 4 de septiembre en este mismo suplemento, en la sección de El ilustre desconocido. Un par de ajustes —como el situar al personaje principal en los Yungas, en vez del Chapare— y era hora de... averiguar cómo entregar el guión.

Una llamada a la Oficialía Mayor de Culturas solucionaría el asunto. Preguntas como: “¿es un largometraje?”, “¿Qué es la ficha técnica?” y similares molestaron inicialmente a la interlocutora, que sin embargo les dio indicaciones clave, como que se contabilizaba una página como un minuto de filmación y otras formalidades que ayudaron a los amigos a definir el guión y presentarlo en el plazo establecido. A la par, elaboraron otro guión, Turnos nocturnos, de tal forma que multiplicaron sus posibilidades sin romper las reglas: cada uno presentó un solo original.

Pasaron los días y cuando se enteraron que su escrito había logrado el tercer puesto, con 5.800 bolivianos como premio, festejaron, dividieron el dinero y decidieron gastarlo como mejor les apetecía. Punto final.

Sin embargo, Ferrufino se percató de que el ganador del primer puesto se ponía serio y empezaba a organizar la filmación de su guión para los próximos tres meses, plazo concedido por la Oficialía para la realización del video. El hombre se veía muy serio y parecía conocer ese mundo al dedillo.

— John, creo que tenemos que filmar el video con la plata.

— No creo que sea obligatorio.

— Por ahí nos van a hacer devolver la plata.

— ¿Y si filmáramos nosotros con una camarita digital?

— También podríamos contratar a alguien para que lo haga.

En la discusión decidieron averiguar cuánto costaría realizar el video. “85 dólares el segundo”, fue la primera respuesta que dio una productora. Confundido, Cornejo se puso a multiplicar los 85 dólares por los 1.200 segundos que duraba su video. ¡Sus 5.800 bolivianos no servirían para nada!

Cuando casi habían decidido abortar el plan, alguien les sugirió: —¿Por qué no preguntan en la escuela de cine?

—¿Existe una escuela de cine?

Acto seguido, Cornejo colocó en el lugar un atractivo letrero que invitaba a participar en un proyecto en que ofrecía mucha diversión y ninguna expectativa económica.

Al día siguiente recibió varias llamadas de interesados: todos lo citaron en la Escuela. Cuando los dos guionistas acudieron, la gente estaba un poco reacia. “Nuestro guión ha ganado el tercer lugar en el premio Amalia Gallardo”, explicaron a la concurrencia.

Los ánimos se exaltaron. Nadie conocía a estos misteriosos ganadores, pero varios se apuntaron para participar. Ese mismo instante se organizaron las distintas carteras. Surgió el productor general, el director de fotografía, el continuista, el editor, el sonidista... mientras los dos ingenieros se quedaban asombrados de la gran cantidad de gente que se había necesitado para hacer un video.

El proceso fue una verdadera aventura. Cornejo descubrió que existe una diferencia abismal entre el cine y el video, entre las líneas de resolución y el grano cinematográfico. Convertido en director, aprendió a manejar a los actores y esperar un tiempo antes de decir “Corte” para no arruinar la escena y permitir una correcta edición. Mientras tanto, Ferrufino, como todo productor ejecutivo, puso el dinero para solventar el video.

Requerimientos de luces, guión técnico, búsqueda de locaciones... los ingenieros se fueron imbuyendo poco a poco en el mundo del audiovisual y se dejaron seducir en una accidentada semana de rodaje de sol a sol.

Todos los inconvenientes de producción se salvaron gracias al trabajo comprometido de todo el equipo —el editor no durmió dos días—, y lograron terminar el video en el plazo fijado por el concurso municipal.

La banda sonora era el último elemento pendiente y como la persona que debía encargarse del asunto falló, acudieron a un amigo compositor en Cochabamba, Pablo Javier Rojas Paredes, quien les cedió dos canciones vía correo electrónico, por la premura.

A los pocos días se enteraron que Chanchos bloqueados había gustado al jurado calificador del XVI certamen municipal de video Amalia Gallardo, que estuvo conformado por la representante de la Cinemateca, Vanesa De Brito; del Conacine, Carola Antezana; del Nuevo Cine y Video Boliviano, Reynaldo Lima y Rubén Chacón. El suyo fue el mejor video y se llevó los galardones a la mejor Fotografía, la Edición y la Banda Sonora.

Los 13.200 bolivianos del premio sirvieron para pagar las deudas, pero no para apagar la pasión que ha nacido en estos jóvenes realizadores.

“Cuando empezamos era diferente. Ahora sabemos perfectamente cómo funciona esto y vamos a seguir adelante”, expone Ferrufino frente al tablero de ajedrez que comparte con Cornejo.

¿Zapatero a tus zapatos? Ambos están convencidos de que fue justamente su lejanía del sistema el que les permitió ofrecer una mirada diferente. “Hay mucho talento en este país y quizá sea necesario el formar realizadores diferentes, que tengan una oferta diferente”, opina Ferrufino, a quien le interesa además la creación de nuevos diálogos y actitudes más ágiles en los audiovisuales bolivianos.

Su compañero está metido en más guiones. Uno ya ganó otro premio en un concurso de Conacine y el próximo está tejido de tal manera que podrá ser presentado en concursos internacionales. Ahora sí trabajará en cine.

La apuesta del dúo ahora es el conseguir el dinero suficiente para financiar su próxima producción para, así, seguir editando sueños.

Ficha técnica

Título • Chanchos bloqueados

Guión • John Cornejo y Roger Ferrufino, basado en un cuento de John Cornejo.

Productor ejecutivo • Roger Ferrufino.

Jefatura de producción • Jorge Viricochea.

Fotografía • Juan Pablo Ritcher.

Sonido • Sergio Pinedo.

Asistencia de dirección • Adán Saravia y Michael Maldonado.

Asis. de producción • Karin Revilla, Daniel Velazco e Ingrid Soria.

Maquillaje • Karin Revilla.

Montaje • Ricardo Nilsson y Jorge Viricochea.

Iluminación • Juan José Arce.

Continuidad • Ricardo Nilsson.

Casting • Irene Cajías.

Dirección • John Cornejo.

Reparto • Carlos Mendoza (Martín Chuquimia), Ignacio Montaño, Carlos Robles, Mateo Azcarrunz, Daniel Unzaga, Miguel Carranza, Wiliam Peña, María Luisa Álvarez, Nicolás Azcarrunz, Andrés García, Vera Franken, Leonarda Ferrufino, Alejandra Pareja, Erasmo Zegarra, Reynaldo Vicente, Ela Ruiz Cambero e Ignacio Cornejo.

“Hay mucho talento en este país, es necesario formar realizadores diferentes, con una oferta diferente”.

Los alumnos de la Escuela de Cine se repartieron los cargos en la primera reunión del equipo de rodaje.

Chanchos bloqueados

Sinopsis • Martín Chuquimia es un hombre humilde y entusiasta que vive en los Yungas de La Paz. Se ve obligado a dejar su clima cálido por el frío de la gran ciudad, pues sólo con trabajo duro tendrá suficiente dinero para poner una granja con chanchos en sus tierras y así poder casarse con el amor de su vida. Sin embargo, las convulsiones sociales en torno a los nuevos rumbos que toma el país hacen que la vida de Martín sea más difícil, aunque el empeño siempre saca adelante a un hombre emprendedor.